miércoles, 4 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 8.


Miraba a un lado y a otro buscando sus ojos verdes por algún lado, pero no aparecía. De repente si que vi a alguien, a Marie. Me miraba con enojo en su rostro.

—Jade se fue, no la esperes más.
—¿Cómo? ¿dónde?
—Está comiendo sola en aquella hamburguesería de allí. Piensa que le mentiste.
—¿Qué le mentí?
—Le dijiste que Maddie y tú tan solo sois amigos, pero cuando Maddie cogió tu mano antes de salir de la heladería ella pensó que sois más que amigos y tú tan solo le mentiste para llevarla a la cama, o liarte con ella. Piensa que eres un mujeriego.
—Pero yo no le mentí.
—Lo se, pero eso ella no lo sabe. No sabe exactamente lo que siente por ti, Matty, pero desde que sabe tu nombre no para de escribirlo por las libretas, incluso lo lleva escrito en su brazo. Ahora emborronado, porque lo borró cuando vio lo que hizo Maddie.
—Mierda. ¿Qué hago yo ahora?
—Corre a la hamburguesería y explícale.
—De acuerdo, gracias.

Hice caso a lo que dijo Marie y corrí a la hamburguesería. Cuando llegué estaba todo medio vacío, y no había ni rastro de Jade. Empecé a buscarla por todo el local, subí a la 2ª planta, esto estaba más lleno que la de abajo. Pasé mi mirada mesa por mesa, y en la última del fondo la vi, comiendo sola. Conforme me acercaba a ella, peor me sentía. Aunque realmente no somos nada, pero la simple idea de que la había dañado me afectaba mucho.
Me coloqué frente a ella, posando mi mirada en sus preciosos ojos verdes. Ella me miraba, y yo permanecía callado y tensando la mandíbula. Me senté en la silla de al lado. Ella bajó la mirada y siguió comiendo. Cómo si no me hubiese visto.

—Estoy aquí, por si no me viste —dije.
—¿Tú solo o también vienen tus mentiras?
—Ella no es mi novia.
—Mira, no tengo tiempo para tratar temas absurdos. Realmente no sé ni por qué te invité a comer, ni siquiera te conozco.
—Pero podrías conocerme —propuse.
—No, gracias. Capullos que mienten por ver cuantas tías se llevan a la cama no me interesa conocer.
—Te dije que no es mi...
—Tengo que volver al trabajo. Adiós. Un placer verte —interrumpió.

Jade se levantó y se fué dejándome allí solo. Me quedé en estado de shock. No entendía por qué se ponía así, realmente no somos nada. Un señor se acercó a mi mesa, me miró extrañado, sacó una libreta y entonces preguntó:

—¿Desea algo?
—No, nada. Gracias —dije bruscamente—. Adiós.

Me levanté de la mesa enfadado, con la mandíbula tensa. Me fui a casa pensando en lo que había pasado. Realmente yo también estaba un poco afectado por lo ocurrido, no me gusta dañar a nadie, y mucho menos a las chicas. Llegué a casa refunfuñando. Mamá no estaba, y como ya dije, Ethan está con mi padre. Creo que estará bien irme un par de días a casa de mi padre, eso me ayudará a despejarme. Mi padre siempre nos lleva a ver fútbol, conciertos, pasa el rato con nosotros. Es cierto que mamá también lo hace, pero menos porque suele estar más atareada. Trabaja durante todo el día, y cuando no está trabajando está cuidando a mi abuela, que por desgracia está gravemente enferma en estos momentos.
Empecé a hacer mis maletas, aunque tampoco eché mucho. Solo iba un par de días, no más. Llamé a mi padre para decirle que iba a coger el autobús en una hora, y que en unas 2 horas aproximadamente estaría allí. Él se puso muy contento al oír que iría a verlo. Hace unos 2 meses más o menos que no me ve.
Terminé de preparar todo  y le escribí una nota a mamá:

(hacer click en la imagen para leer mejor)


Dejé la nota sobre la mesa y me fuí. Mientras iba por la calle, justo antes de llegar a la estación de autobuses apareció Marie.

—¿No vas a despedirte de Jade?
—No creo que quiera verme —contesté.
—Eso no lo sabes.

Y entonces desapareció.

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