Sus ojos brillaban como jamás los había visto brillar antes. Estaba totalmente concentrado en su mirada, en sus labios. Ella estaba temblando. Empecé a acercarme lentamente, muy lentamente. Quería asegurarme de que ella también estaba dispuesta a besarme, así que decidí ir lento por si acaso quería pararme. Yo tan solo podía humedecer mis labios con mi lengua, e imaginarme lo que sería tenerlos pegados junto a los suyos. Está claro que no estoy enamorado, pero esta chica me atrae.
—Matty —susurró—. ¿A qué estás esperando? Me tienes aquí pegada a ti, no te lo voy a impedir.
Su respiración se aceleraba más por segundo. Me acababa de pedir que la besara y yo no podía aguantar más estando así de cerca. Junté mis labios con los suyos. Primero fue un leve beso, y después volví a besarla más lenta y apasionadamente. Todo estaba centrado en un nosotros. Estábamos como metidos en una gran burbuja donde solo podíamos entrar ella y yo. Nuestros labios jugaban y, no tardaron mucho en formar nuestras lenguas parte de ese juego también. Yo estaba totalmente hechizado por sus besos y el desliz de sus dedos por mi nuca. Acariciaba mi pelo mientras yo acariciaba su cintura. No quería que ese momento acabase, lo tenía muy claro. Al igual que tenía muy claro que quería conocerla un poco más. Esta chica me interesa, y me interesa mucho. ¿Qué está haciendo conmigo?
—Eres un gran besador —dijo riendo mientras se apartaba de mi.
—Vaya, gracias —sonreí.
—Amo tu sonrisa. Es preciosa, ¿sabías?
—Tu sonrisa también lo es —contesté.
Ella sonrió y agachó la cabeza ruborizada. Después de esto nos soltamos y cogió su skate. La invité a venir a casa y ella aceptó. Cogí mi mochila y fui charlando con ella hasta casa.
Cuando llegamos estaba mamá preparando la comida. Yo dejé la mochila en la entrada y fui a saludar a mi madre. Le dije que hoy teníamos una más para comer y le presenté a Jade. Mamá me sonrió y cuando invité a Jade a sentarse en el salón, aprovechó para susurrarme ‘‘es guapa, ¿eh?’’. Yo sonreí y sacudí la cabeza a un lado y a otro. No sé qué voy a hacer con esta mujer.
Cogí una cerveza de la nevera y fui al salón.
—¿Quieres beber algo, Jade?
—Claro. Lo que quieras menos eso —dijo mirando mi cerveza.
Sonreí y la acompañé hasta la cocina para que eligiese lo que quería tomar. Cogió un zumo de naranja y volvimos al salón. Mamá estaba terminando la comida mientras Jade y yo veíamos la televisión. De vez en cuando miraba a Jade, y luego ella a mi, sonreíamos y volvíamos a cambiar el rumbo de nuestras miradas.
Minutos más tarde fijó su mirada en mi, desconcertándome por completo.
—Cuéntame algo de ti, Matt.
—¿Algo de mí? ¿qué quieres saber?
—Uhmm, no sé. Tus aficiones, por ejemplo.
—Me encanta el skate, creo que lo comprobaste hoy —sonreí—. También me gusta embobar a chicas preciosas, como tú —susurré.
—¿Y cómo estás tan seguro de que no fui yo quien te embobó a ti?
—Por favor, solo había que ver tu mirada y tu respiración acelerada.
—Déjame decirte que tú estabas igual.
¿Yo? ¿igual? Eso es imposible.
—Eso es discutible, señorita.
—¡MAAATTY, A COMER! —interrumpió mamá desde la comida.
Jade y yo nos levantamos del sofá y fuimos a comer con mamá. Jade y ella hablaban muy libremente sobre sus costumbres y el pueblo del que venía. Me acabo de enterar que mamá nació en el mismo pueblo que ella. Mientras ellas hablan yo entro en una asamblea conmigo mismo: ¿Qué pasará conmigo cuando no esté Marie? Esa pregunta está dentro de mi constantemente.
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