miércoles, 4 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 7.

La tenía a mi lado, y parecía muy feliz. Ella no paraba de sonreír y yo le sonreía a ella. Empezó a mirar el parque, y yo me preguntaba si hablaría conmigo o solo vino a verme. Después me miró fijamente, primero sonrió y después agachó la cabeza.


—Me alegro muchísimo.
—¿De qué?
—De que te guste esa chica, Matt.
—¿Hablas de Jade? ¿quién dijo que me gusta?
—Se te nota mucho, y me alegro —guardó un incómodo silencio y después habló otra vez—. ¿Puedo preguntarte algo?
—Claro, dime.
—¿Sentiste ayer mi beso?
—No te sentí sobre mis labios, pero si sentí un escalofrío dentro de mi. ¿Puedo saber por qué estás tan triste?
—Me queda poco aquí —contestó—. Cuando me vaya, no volverás a verme.
—¿Te queda poco? Aún no cumpliste tu objetivo.
—No creo que tarde mucho en cumplirlo, ya dije que esa chica te gusta —respondió.
—En ningún momento te dije que esa chica me gustase.
—Se nota demasiado, ya lo dije.
—Una cosa es que se note, y otra que sea real. ¿No crees?
—Pero es que tienes que rehacer tu vida, no se cuantas veces te lo voy a decir.
—Pero es que no quiero. No se cuantas veces te lo voy a decir —repliqué.


Marie sacudió la cabeza y luego desapareció una vez más. Yo me quedé tomándome mi helado sentado en el banco, observando todo, pasivo.
De repente vi a Maddie, la chica de mi clase, aparecer otra vez a lo lejos, entre los árboles. Me vio y se acercó a mí sonriente. Iba con un top gris, unos shorts negros, unas zapatillas de deporte y el pelo recogido en una coleta. Venía un poco húmeda, como si hubiese sudado tras hacer ejercicio.


—Hola Matty —sonrió.
—Hola Maddie.
—¿Qué haces solo?
—Pues me apetecía salir y no tenía nada que hacer, así que salí a dar una vuelta.
—Yo salí a hacer deporte. Ahora voy a la nueva heladería, dicen que es buenísima y hace unas granizadas de limón deliciosas.
—Oh, vaya. Sí, es buena. Yo vengo de allí y el helado es realmente bueno.
Maddie sonrió, tomó aire, cambió su mirada de lado y luego volvió a clavar su mirada en mi una vez más.


—¿Me acompañas? —preguntó.
—¿A la heladería?
—Sí. Es que no sé exactamente dónde está.
—Por supuesto.


Fui con Maddie hasta la heladería. Es una chica muy simpática, río mucho con ella. Una vez estuvimos juntos, pero fue hace muchísimo tiempo. Ahora somos solo amigos y me siento bien al serlo. No es la típica ex que te odia por haber acabado la relación. Es algo que tomamos como parte del pasado, algo que no afecta nuestra amistad ahora. Ella me apoyó muchísimo en la separación de mis padres. Me abrazó cuando lo necesité, y me ayudaba siempre que veía necesidad.
Cuando llegué a la heladería volvía ver a Jade. Le sonreí pero ella no me devolvió la misma sonrisa que esta mañana. No sé lo que le pasaba. Maddie y yo pedimos un par de granizadas y nos lo tomamos en una de las mesas del local. Ella me dió a probar la suya, y yo la mía. Jade ni siquiera me miraba. Yo me acerqué para pagar.


—No sabía que tenías novia —susurró—. Aunque un chico tan guapo como tú, es normal.
—No es mi novia, idiota. Solo es una amiga. Por cierto, gracias —dije con rubor.
—¿Qué te parece si quedamos para comer? Salgo a las 2.00 p.m y hoy por ser sábado tengo la tarde libre.
—Son la 1.00 p.m. Dejaré a Maddie en su casa y vendré a recogerte, ¿te parece?
—Claro. Hasta luego, señor —sonrió.
—Hasta luego, señorita —sonreí.


Me alejé del mostrador y fui hasta la puerta con Maddie. Una vez en la puerta, Maddie agarró mi mano y le sonrió a Jade diciendo ‘‘gracias, estaba delicioso’’.
Llevé a Maddie a su casa, ésta me abrazó y sonrió antes de entrar.


—Espero que nos veamos pronto, Matty. Adiós, te quiero —sonrió.
—Hasta otra, Maddie —sonreí.


Tras dejar a Maddie en su casa me volví a la heladería. Ya eran las 2:05 p.m. Quedé allí con Jade, pero cuando llegué ella no estaba allí. Me quedé esperándola hasta las 2:20 p.m pero ella no aparecía.

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