Tal vez debería plantearme la idea de pedirle una cita a Jade y conocerla mejor. Así Marie podría abandonar este mundo completamente, y lograr su objetivo. Sé que es lo único que quiere. Pero por otra parte, no quiero. Aún extraño a Marie, y aunque ella ya es imposible, mi amor por ella sigue ahí. Quizás poco a poco, Jade me ayude a dejar de sentir esto por ella, pero no estoy seguro y no me gustaría dañar a Jade. ¿Qué debo hacer? Estoy demasiado confuso.
Papá fue a darse un baño junto a Lisa y Ethan. Marie aprovechó para aparecer junto a mi. Me sonreía, como si estuviese contenta. Pero por otra parte sentía que todo eso era falso.
—Creo que deberías hacer caso a tu padre. Jade podrá ayudarte a que dentro de unos meses puedas decir que estuviste enamorado de mí, y que ahora lo estás de ella. Será la única forma de que yo cumpla mi objetivo y pueda irme.
—Pero si te vas yo ya no podré volver a verte. No sé si podré vivir con ello.
—Si te enamoras de Jade no tendrás ningún problema en vivir con ello.
—Pero es que no quiero traicionarte, no quiero enamorarme de Jade.
—Recuerda, no existe el ‘‘para siempre’’. Un matrimonio siempre dura hasta que la muerte los separe. La muerte ya nos separó a nosotros. Tienes que rehacer tu vida.
—Pero es que me costará demasiado..., ¿y si me voy contigo?
—Ni lo pienses. No te lo voy a permitir —dijo negando rotundamente—. Si seguiste hasta ahora, seguirás toda la vida.
—Seguí hasta ahora porque aún estás a mi lado. El día que me faltes del todo no quiero saber lo que pasaría.
—Pídele una cita a Jade y deja de decir estupideces.
Marie volvió a desaparecer y una vez más me evadí en mis pensamientos. Tal vez tenga razón. ¿Debo pedir una cita a Jade? Supongo.
2 días después.
Ya estoy montado en el bus dirección a mi pueblo una vez más. Ethan no quiso volverse. Creo que piensa quedarse todo el mes con mi padre. Sinceramente lo veo mejor. En mi pueblo apenas tiene amigos.
Llegué a la estación y cuando bajé del bus lo primero que hice fue ir a la heladería. Entré y estaba el padre de Jade. Me coloqué frente al mostrador y empecé a buscarla con la mirada pero no estaba allí. Le pregunté a su padre, éste me dijo que hoy tenía día libre y que podía encontrarla en las pistas de patinaje con su skate. Vaya, una chica que hace skate, me gusta. Le di las gracias y salí de la heladería. Fui hasta las pistas con mi mochila a hombros y efectivamente allí estaba.
Cuando me vio soltó su skate y vino corriendo a abrazarme. Yo sonreí y ella solo dijo entre risas: ‘‘tu helado de chocolate se quedó esperando durante dos días, eres un maleducado’’. Le volví a sonreír. Solté mi maleta en el suelo, cogí su skate y empecé a marcar saltos en las pistas. Ella se reía y gritaba ‘‘¡VAMOS, HAZ ALGO MÁS ATREVIDO, ESO ES PARA VAGINAS!’’. Yo tan solo podía reír porque..., si me paraba a pensar, ¡ella tiene vagina!
—¡TE RECUERDO QUE TIENES VAGINA! —grité riendo.
—¡Y SÉ HACER MÁS QUE TÚ, NENA! —contestó.
Dejé el skate y fui corriendo a por ella. La cogí en brazos y empecé a hacerle cosquillas. A mí nadie me llama nena, eso que lo tenga muy claro. Ella no paraba de reír, yo reía con ella. De buenas a primeras Marie apareció al lado mía, sonrió y dijo ‘‘muy bien’’, después volvió a desaparecer.
Solté a Jade. Ella quedó con sus brazos rodeando mi cuello y yo rodeaba su cintura. Ambos sonreíamos. Me perdía en su mirada, buscaba la luz de su sonrisa y sus ojos verdes. Estábamos solos en las pistas, ya que era la hora de comer. Marie apareció tras Jade y dijo ‘‘bésala’’. Yo no podía negar que lo estaba deseando, pero apenas nos conocíamos y no quería estropear el momento. Miraba sus preciosos labios, perfectamente perfilados y de rojo natural. A esta chica no le hacía falta pintalabios, vaya. No sé exactamente la razón, pero esto de estar así con ella me gustaba. Nos estábamos dejando llevar totalmente. Junté mi frente con la suya. Mi respiración se aceleró, y notaba la suya justo a la altura de mis labios.
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