sábado, 7 de septiembre de 2013

CAPÍTULO FINAL.



2 MESES DESPUÉS.


Llevo ya un mes entero sin ver a Marie, aunque sé que ella está aquí, en alguna parte. Estoy saliendo con Jade desde hace 1 semana. Es una chica muy divertida, encantadora y, a mi familia le encanta. Mi madre está realmente contenta de que haya rehecho mi vida. Hoy estuve con Jade en el parque, hemos quedado para comer juntos y hacer un camping. Ahora acabo de salir de la ducha, estoy sobre mi cama mirando fijamente a la pared y pensando en el día de hoy, en el de ayer, en los dos últimos meses.
Hoy la Luna está preciosa, me acabo de dar cuenta al cambiar el rumbo de mi mirada, ¿estará Marie cuidándome desde ahí arriba? Sé que sí.
Poco a poco empezó a iluminarse la habitación, justo como ocurría cuando aparecía Marie…, ¿Marie? ¿qué hace ella aquí?


—Hola, Matt.
—Ma.., Marie, ¿qué haces aquí? Hacía bastante tiempo que no venías —dije levantándome de un salto.
—He venido a despedirme, Matty. Mi trabajo aquí acabó. Tú encontraste lo que yo buscaba que encontrases, ahora es mi turno, debo irme.
—Yo…, yo no sé qué decir, la verdad.
—No hace falta que digas nada, Matt. La que viene a despedirse soy yo. Sé que ella te va a cuidar tanto como yo lo hice. Fuiste criado por una reina, trata a esa chica como una princesa, ¿está bien?
—Está.., está bien —asentí.
—Adiós, Matt. Te quiero.


Marie se acercó un poco a mí, y pude sentir que me abrazaba. Aunque no lo sentí como un abrazo, sino como un pequeño escalofrío que recorrió todo mi cuerpo. Se separó de mí, y me miró una vez más. Mis lágrimas resbalaron por mis mejillas, ella estaba a punto de irse para no volver jamás.


—Marie, espera.
—¿Qué pasa, Matt?
—Te quiero.
—Y yo a ti, señorito Steele.


Y entonces.. desapareció. Ahí fue cuando sentí miles de puñales sobre mi cuerpo. Sin fuerzas, caí en la cama como si de un pañuelo se tratase. Estaba en shock, totalmente en shock. Antes de que se fuera para siempre, debía hacer algo, y lo debía hacer ahora.
Cogí una hoja de papel, un bolígrafo. Alumbré un poco la habitación y comencé a escribir:


(hacer click en la foto para leer mejor).



Una vez terminada mi carta de último adiós a Marie, me vestí rápidamente, cogí un mechero, y fui a la azotea de la casa. Una vez allí arriba, miré a la Luna, buscando los ojos de Marie en alguna parte. Prendí mi carta y la solté al aire diciendo: «No sabes lo mucho que la vida puede llegar a sorprenderte, e incluso confundirte. Es impredecible».


Y entonces, con esa carta, con ese último adiós, con esas llamas volando sobre el papel escrito con destino a Marie, con las lágrimas en mis mejillas y con miles de recuerdos pasando por mi cabeza en esos instantes, Marie se escapaba de entre mis brazos hacia un lugar mejor.


—Hasta nunca, Marie Milton, estaré contigo aunque no estés —suspiré—. Te amo.



FIN.

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