sábado, 7 de septiembre de 2013

CAPÍTULO FINAL.



2 MESES DESPUÉS.


Llevo ya un mes entero sin ver a Marie, aunque sé que ella está aquí, en alguna parte. Estoy saliendo con Jade desde hace 1 semana. Es una chica muy divertida, encantadora y, a mi familia le encanta. Mi madre está realmente contenta de que haya rehecho mi vida. Hoy estuve con Jade en el parque, hemos quedado para comer juntos y hacer un camping. Ahora acabo de salir de la ducha, estoy sobre mi cama mirando fijamente a la pared y pensando en el día de hoy, en el de ayer, en los dos últimos meses.
Hoy la Luna está preciosa, me acabo de dar cuenta al cambiar el rumbo de mi mirada, ¿estará Marie cuidándome desde ahí arriba? Sé que sí.
Poco a poco empezó a iluminarse la habitación, justo como ocurría cuando aparecía Marie…, ¿Marie? ¿qué hace ella aquí?


—Hola, Matt.
—Ma.., Marie, ¿qué haces aquí? Hacía bastante tiempo que no venías —dije levantándome de un salto.
—He venido a despedirme, Matty. Mi trabajo aquí acabó. Tú encontraste lo que yo buscaba que encontrases, ahora es mi turno, debo irme.
—Yo…, yo no sé qué decir, la verdad.
—No hace falta que digas nada, Matt. La que viene a despedirse soy yo. Sé que ella te va a cuidar tanto como yo lo hice. Fuiste criado por una reina, trata a esa chica como una princesa, ¿está bien?
—Está.., está bien —asentí.
—Adiós, Matt. Te quiero.


Marie se acercó un poco a mí, y pude sentir que me abrazaba. Aunque no lo sentí como un abrazo, sino como un pequeño escalofrío que recorrió todo mi cuerpo. Se separó de mí, y me miró una vez más. Mis lágrimas resbalaron por mis mejillas, ella estaba a punto de irse para no volver jamás.


—Marie, espera.
—¿Qué pasa, Matt?
—Te quiero.
—Y yo a ti, señorito Steele.


Y entonces.. desapareció. Ahí fue cuando sentí miles de puñales sobre mi cuerpo. Sin fuerzas, caí en la cama como si de un pañuelo se tratase. Estaba en shock, totalmente en shock. Antes de que se fuera para siempre, debía hacer algo, y lo debía hacer ahora.
Cogí una hoja de papel, un bolígrafo. Alumbré un poco la habitación y comencé a escribir:


(hacer click en la foto para leer mejor).



Una vez terminada mi carta de último adiós a Marie, me vestí rápidamente, cogí un mechero, y fui a la azotea de la casa. Una vez allí arriba, miré a la Luna, buscando los ojos de Marie en alguna parte. Prendí mi carta y la solté al aire diciendo: «No sabes lo mucho que la vida puede llegar a sorprenderte, e incluso confundirte. Es impredecible».


Y entonces, con esa carta, con ese último adiós, con esas llamas volando sobre el papel escrito con destino a Marie, con las lágrimas en mis mejillas y con miles de recuerdos pasando por mi cabeza en esos instantes, Marie se escapaba de entre mis brazos hacia un lugar mejor.


—Hasta nunca, Marie Milton, estaré contigo aunque no estés —suspiré—. Te amo.



FIN.

CAPÍTULO 11.

Sus ojos brillaban como jamás los había visto brillar antes. Estaba totalmente concentrado en su mirada, en sus labios. Ella estaba temblando. Empecé a acercarme lentamente, muy lentamente. Quería asegurarme de que ella también estaba dispuesta a besarme, así que decidí ir lento por si acaso quería pararme. Yo tan solo podía humedecer mis labios con mi lengua, e imaginarme lo que sería tenerlos pegados junto a los suyos. Está claro que no estoy enamorado, pero esta chica me atrae.


—Matty —susurró—. ¿A qué estás esperando? Me tienes aquí pegada a ti, no te lo voy a impedir.


Su respiración se aceleraba más por segundo. Me acababa de pedir que la besara y yo no podía aguantar más estando así de cerca. Junté mis labios con los suyos. Primero fue un leve beso, y después volví a besarla más lenta y apasionadamente. Todo estaba centrado en un nosotros. Estábamos como metidos en una gran burbuja donde solo podíamos entrar ella y yo. Nuestros labios jugaban y, no tardaron mucho en formar nuestras lenguas parte de ese juego también. Yo estaba totalmente hechizado por sus besos y el desliz de sus dedos por mi nuca. Acariciaba mi pelo mientras yo acariciaba su cintura. No quería que ese momento acabase, lo tenía muy claro. Al igual que tenía muy claro que quería conocerla un poco más. Esta chica me interesa, y me interesa mucho. ¿Qué está haciendo conmigo?


—Eres un gran besador —dijo riendo mientras se apartaba de mi.
—Vaya, gracias —sonreí.
—Amo tu sonrisa. Es preciosa, ¿sabías?
—Tu sonrisa también lo es —contesté.


Ella sonrió y agachó la cabeza ruborizada. Después de esto nos soltamos y cogió su skate. La invité a venir a casa y ella aceptó. Cogí mi mochila y fui charlando con ella hasta casa.
Cuando llegamos estaba mamá preparando la comida. Yo dejé la mochila en la entrada y fui a saludar a mi madre. Le dije que hoy teníamos una más para comer y le presenté a Jade. Mamá me sonrió y cuando invité a Jade a sentarse en el salón, aprovechó para susurrarme ‘‘es guapa, ¿eh?’’. Yo sonreí y sacudí la cabeza a un lado y a otro. No sé qué voy a hacer con esta mujer.
Cogí una cerveza de la nevera y fui al salón.


—¿Quieres beber algo, Jade?
—Claro. Lo que quieras menos eso —dijo mirando mi cerveza.
Sonreí y la acompañé hasta la cocina para que eligiese lo que quería tomar. Cogió un zumo de naranja y volvimos al salón. Mamá estaba terminando la comida mientras Jade y yo veíamos la televisión. De vez en cuando miraba a Jade, y luego ella a mi, sonreíamos y volvíamos a cambiar el rumbo de nuestras miradas.
Minutos más tarde fijó su mirada en mi, desconcertándome por completo.


—Cuéntame algo de ti, Matt.
—¿Algo de mí? ¿qué quieres saber?
—Uhmm, no sé. Tus aficiones, por ejemplo.
—Me encanta el skate, creo que lo comprobaste hoy —sonreí—. También me gusta embobar a chicas preciosas, como tú —susurré.
—¿Y cómo estás tan seguro de que no fui yo quien te embobó a ti?
—Por favor, solo había que ver tu mirada y tu respiración acelerada.
—Déjame decirte que tú estabas igual.
¿Yo? ¿igual? Eso es imposible.
—Eso es discutible, señorita.
—¡MAAATTY, A COMER! —interrumpió mamá desde la comida.


Jade y yo nos levantamos del sofá y fuimos a comer con mamá. Jade y ella hablaban muy libremente sobre sus costumbres y el pueblo del que venía. Me acabo de enterar que mamá nació en el mismo pueblo que ella. Mientras ellas hablan yo entro en una asamblea conmigo mismo: ¿Qué pasará conmigo cuando no esté Marie? Esa pregunta está dentro de mi constantemente.

viernes, 6 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 10.

Tal vez debería plantearme la idea de pedirle una cita a Jade y conocerla mejor. Así Marie podría abandonar este mundo completamente, y lograr su objetivo. Sé que es lo único que quiere. Pero por otra parte, no quiero. Aún extraño a Marie, y aunque ella ya es imposible, mi amor por ella sigue ahí. Quizás poco a poco, Jade me ayude a dejar de sentir esto por ella, pero no estoy seguro y no me gustaría dañar a Jade. ¿Qué debo hacer? Estoy demasiado confuso.
Papá fue a darse un baño junto a Lisa y Ethan. Marie aprovechó para aparecer junto a mi. Me sonreía, como si estuviese contenta. Pero por otra parte sentía que todo eso era falso.


—Creo que deberías hacer caso a tu padre. Jade podrá ayudarte a que dentro de unos meses puedas decir que estuviste enamorado de mí, y que ahora lo estás de ella. Será la única forma de que yo cumpla mi objetivo y pueda irme.
—Pero si te vas yo ya no podré volver a verte. No sé si podré vivir con ello.
—Si te enamoras de Jade no tendrás ningún problema en vivir con ello.
—Pero es que no quiero traicionarte, no quiero enamorarme de Jade.
—Recuerda, no existe el ‘‘para siempre’’. Un matrimonio siempre dura hasta que la muerte los separe. La muerte ya nos separó a nosotros. Tienes que rehacer tu vida.
—Pero es que me costará demasiado..., ¿y si me voy contigo?
—Ni lo pienses. No te lo voy a permitir —dijo negando rotundamente—. Si seguiste hasta ahora, seguirás toda la vida.
—Seguí hasta ahora porque aún estás a mi lado. El día que me faltes del todo no quiero saber lo que pasaría.
—Pídele una cita a Jade y deja de decir estupideces.


Marie volvió a desaparecer y una vez más me evadí en mis pensamientos. Tal vez tenga razón. ¿Debo pedir una cita a Jade? Supongo.


2 días después.
Ya estoy montado en el bus dirección a mi pueblo una vez más. Ethan no quiso volverse. Creo que piensa quedarse todo el mes con mi padre. Sinceramente lo veo mejor. En mi pueblo apenas tiene amigos.
Llegué a la estación y cuando bajé del bus lo primero que hice fue ir a la heladería. Entré y estaba el padre de Jade. Me coloqué frente al mostrador y empecé a buscarla con la mirada pero no estaba allí. Le pregunté a su padre, éste me dijo que hoy tenía día libre y que podía encontrarla en las pistas de patinaje con su skate. Vaya, una chica que hace skate, me gusta. Le di las gracias y salí de la heladería. Fui hasta las pistas con mi mochila a hombros y efectivamente allí estaba.
Cuando me vio soltó su skate y vino corriendo a abrazarme. Yo sonreí y ella solo dijo entre risas: ‘‘tu helado de chocolate se quedó esperando durante dos días, eres un maleducado’’. Le volví a sonreír. Solté mi maleta en el suelo, cogí su skate y empecé a marcar saltos en las pistas. Ella se reía y gritaba ‘‘¡VAMOS, HAZ ALGO MÁS ATREVIDO, ESO ES PARA VAGINAS!’’. Yo tan solo podía reír porque..., si me paraba a pensar, ¡ella tiene vagina!


—¡TE RECUERDO QUE TIENES VAGINA! —grité riendo.
—¡Y SÉ HACER MÁS QUE TÚ, NENA! —contestó.


Dejé el skate y fui corriendo a por ella. La cogí en brazos y empecé a hacerle cosquillas. A mí nadie me llama nena, eso que lo tenga muy claro. Ella no paraba de reír, yo reía con ella. De buenas a primeras Marie apareció al lado mía, sonrió y dijo ‘‘muy bien’’, después volvió a desaparecer.

Solté a Jade. Ella quedó con sus brazos rodeando mi cuello y yo rodeaba su cintura. Ambos sonreíamos. Me perdía en su mirada, buscaba la luz de su sonrisa y sus ojos verdes. Estábamos solos en las pistas, ya que era la hora de comer. Marie apareció tras Jade y dijo ‘‘bésala’’. Yo no podía negar que lo estaba deseando, pero apenas nos conocíamos y no quería estropear el momento. Miraba sus preciosos labios, perfectamente perfilados y de rojo natural. A esta chica no le hacía falta pintalabios, vaya. No sé exactamente la razón, pero esto de estar así con ella me gustaba. Nos estábamos dejando llevar totalmente. Junté mi frente con la suya. Mi respiración se aceleró, y notaba la suya justo a la altura de mis labios.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 9.

Miré el horario de llegada de los autobuses, aún quedaban 30 minutos para que llegase el próximo. Hice caso a Marie, ella siempre suele tener razón. Volví a la heladería con mi mochila sobre los hombros. No me cogía muy lejos, llegué en unos cinco minutos. Hacía mucha calor, pero se aguantaba.
Entré a la heladería, la cual tenía la puerta cerrada para que se quedase el frío del aire acondicionado. Estaba a una temperatura totalmente perfecta. Me acerqué al mostrador y allí estaba Jade. Ni siquiera me sonrió, solo me trató como a un cliente más. Aunque realmente siento que es eso lo que soy. Apenas la conozco.

—Hola, ¿qué desea?
—Hablar con usted.
—Lo siento, señor, eso no está en el menú. Tenemos helados, graniz..
—Me voy con mi padre un par de días —interrumpí—. Quería despedirme al menos.
—¿Despedirse de quién? Aquí solo trabajo yo, y mi padre no se encuentra en estos momentos en el local. Le puedo dejar un recado.
—Vamos, Jade, sabes que vengo a despedirme de ti.
—¿De mí? No se quien es usted.
—¿Por qué llevas entonces mi nombre escrito en el brazo?
—Oh, vaya —dijo tapando su brazo—. Errores que comete una.
—¿Vas a seguir en ese plan?
—Puede que sí, puede que no.
—Tengo que irme, el autobús llega en 15 minutos. Adiós, Jade.
—Adiós.., Matty.

Salí de la heladería sin ni siquiera volver a mirarla. Fuí a la estación, aún quedaban 8 minutos para que llegase el autobús, así que me senté a esperar. Marie apareció sentada junto a mi. No dijo más que unas palabras y desapareció. No se lo que quiso decir con ellas. Dijo: «No sabes lo mucho que la vida puede llegar a sorprenderte, e incluso confundirte. Es impredecible».
Un par de minutos antes de que llegase el bus, oí la voz de alguien llamándome. Era una voz conocida. Giré la cabeza hacia la izquierda y no había nadie, la giré a la derecha y volví a encontrarme con sus ojos verdes.

—¿Cómo te atreviste a irte sin darme un abrazo, Matty? —sonrió—. Ven aquí, anda. Siento haberme puesto así, sé que apenas nos conocemos pero.., bueno, soy tonta y ya.
—Hey, no eres tonta. No te preocupes.

Abracé a Jade y me sentí realmente bien. El autobús, como siempre, no llegaba a su hora exacta, así que nos quedamos charlando unos 10 minutos hasta que llegó. Cuando llegó volví a abrazarla, me monté al bus, pagué el viaje y me senté en uno de los asientos junto a la ventanilla. Pude ver a Jade alejándose y desapareciendo entre la numerosa cantidad de gente cargando maletas. El autobús finalmente arrancó y me llevó a mi próxima parada, la ciudad de al lado, donde vivía mi padre.
Cuando llegué allí, estaba mi padre en la estación con Ethan esperándome. Junto a ellos había una mujer de pelo color rojo cobrizo, un poco más baja que mi padre, delgada. Estaba agarrada a la mano de mi padre, así que supongo que será Lisa, su nueva novia. Saludé a todos y fuimos a casa de mi padre a dejar mi mochila. Después fuimos a la playa. Ethan se metió corriendo al agua con Lisa. Mi padre y yo nos quedamos en las toallas sentados sobre la arena, hablando. De fondo podía oír el precioso sonido de las olas rompiendo contra la orilla. Se podía oler el mar, sentir la brisa del atardecer. Era todo realmente precioso.

—Bueno, hijo, cuéntame. ¿Qué tal todo?
—Todo ha cambiado mucho, papá. Supongo que ya te contó Ethan lo que pasó con Marie.
—Sí, me lo contó. Lo siento mucho, de verdad. Pero ahora estás mejor, ¿no?
—Lo llevo medio superado, pero aún la echo muchísimo de menos. Por eso vine. Necesitaba despejarme un poco de todo. Siempre ando evadido en mis pensamientos.
—Sabes que debes continuar tu vida, Matty.
—Mi vida era ella, papá.
—No debes dejar que alguien sea todo para ti, pues si esa persona se va, ese todo se convierte en nada —aconsejó—. Es lo que a mi me pasó con tu abuela cuando murió.
—Lo sé, papá. Pero llevábamos 3 años juntos, era prácticamente imposible que no fuese todo para mi.
—Bueno, hay más chicas a parte Marie.
—Hace unos días conocí a una chica, Jade. Trabaja en la nueva heladería que han abierto en el pueblo. Es realmente guapa. Ojos verdes, mirada limpia, pura. Una sonrisa alucinante. Un cuerpo precioso. Y lo poco que conozco de ella, es asombroso. Es.., no sé, es extraño —sonreí—. Pero por otra parte siento que traiciono a Marie.
—No la traicionas. Estoy seguro de que Marie estaría muy contenta.
—¿Tú crees? —pregunté.
—Estoy seguro, dije. ¿Por qué no intentas quedar con Jade?
—Es que apenas la conozco, papá.
—Se trata de conocerla. Piénsalo.

Mi padre terminó la conversación con esa última frase, la misma que me hizo pensar durante largos minutos.

CAPÍTULO 8.


Miraba a un lado y a otro buscando sus ojos verdes por algún lado, pero no aparecía. De repente si que vi a alguien, a Marie. Me miraba con enojo en su rostro.

—Jade se fue, no la esperes más.
—¿Cómo? ¿dónde?
—Está comiendo sola en aquella hamburguesería de allí. Piensa que le mentiste.
—¿Qué le mentí?
—Le dijiste que Maddie y tú tan solo sois amigos, pero cuando Maddie cogió tu mano antes de salir de la heladería ella pensó que sois más que amigos y tú tan solo le mentiste para llevarla a la cama, o liarte con ella. Piensa que eres un mujeriego.
—Pero yo no le mentí.
—Lo se, pero eso ella no lo sabe. No sabe exactamente lo que siente por ti, Matty, pero desde que sabe tu nombre no para de escribirlo por las libretas, incluso lo lleva escrito en su brazo. Ahora emborronado, porque lo borró cuando vio lo que hizo Maddie.
—Mierda. ¿Qué hago yo ahora?
—Corre a la hamburguesería y explícale.
—De acuerdo, gracias.

Hice caso a lo que dijo Marie y corrí a la hamburguesería. Cuando llegué estaba todo medio vacío, y no había ni rastro de Jade. Empecé a buscarla por todo el local, subí a la 2ª planta, esto estaba más lleno que la de abajo. Pasé mi mirada mesa por mesa, y en la última del fondo la vi, comiendo sola. Conforme me acercaba a ella, peor me sentía. Aunque realmente no somos nada, pero la simple idea de que la había dañado me afectaba mucho.
Me coloqué frente a ella, posando mi mirada en sus preciosos ojos verdes. Ella me miraba, y yo permanecía callado y tensando la mandíbula. Me senté en la silla de al lado. Ella bajó la mirada y siguió comiendo. Cómo si no me hubiese visto.

—Estoy aquí, por si no me viste —dije.
—¿Tú solo o también vienen tus mentiras?
—Ella no es mi novia.
—Mira, no tengo tiempo para tratar temas absurdos. Realmente no sé ni por qué te invité a comer, ni siquiera te conozco.
—Pero podrías conocerme —propuse.
—No, gracias. Capullos que mienten por ver cuantas tías se llevan a la cama no me interesa conocer.
—Te dije que no es mi...
—Tengo que volver al trabajo. Adiós. Un placer verte —interrumpió.

Jade se levantó y se fué dejándome allí solo. Me quedé en estado de shock. No entendía por qué se ponía así, realmente no somos nada. Un señor se acercó a mi mesa, me miró extrañado, sacó una libreta y entonces preguntó:

—¿Desea algo?
—No, nada. Gracias —dije bruscamente—. Adiós.

Me levanté de la mesa enfadado, con la mandíbula tensa. Me fui a casa pensando en lo que había pasado. Realmente yo también estaba un poco afectado por lo ocurrido, no me gusta dañar a nadie, y mucho menos a las chicas. Llegué a casa refunfuñando. Mamá no estaba, y como ya dije, Ethan está con mi padre. Creo que estará bien irme un par de días a casa de mi padre, eso me ayudará a despejarme. Mi padre siempre nos lleva a ver fútbol, conciertos, pasa el rato con nosotros. Es cierto que mamá también lo hace, pero menos porque suele estar más atareada. Trabaja durante todo el día, y cuando no está trabajando está cuidando a mi abuela, que por desgracia está gravemente enferma en estos momentos.
Empecé a hacer mis maletas, aunque tampoco eché mucho. Solo iba un par de días, no más. Llamé a mi padre para decirle que iba a coger el autobús en una hora, y que en unas 2 horas aproximadamente estaría allí. Él se puso muy contento al oír que iría a verlo. Hace unos 2 meses más o menos que no me ve.
Terminé de preparar todo  y le escribí una nota a mamá:

(hacer click en la imagen para leer mejor)


Dejé la nota sobre la mesa y me fuí. Mientras iba por la calle, justo antes de llegar a la estación de autobuses apareció Marie.

—¿No vas a despedirte de Jade?
—No creo que quiera verme —contesté.
—Eso no lo sabes.

Y entonces desapareció.

CAPÍTULO 7.

La tenía a mi lado, y parecía muy feliz. Ella no paraba de sonreír y yo le sonreía a ella. Empezó a mirar el parque, y yo me preguntaba si hablaría conmigo o solo vino a verme. Después me miró fijamente, primero sonrió y después agachó la cabeza.


—Me alegro muchísimo.
—¿De qué?
—De que te guste esa chica, Matt.
—¿Hablas de Jade? ¿quién dijo que me gusta?
—Se te nota mucho, y me alegro —guardó un incómodo silencio y después habló otra vez—. ¿Puedo preguntarte algo?
—Claro, dime.
—¿Sentiste ayer mi beso?
—No te sentí sobre mis labios, pero si sentí un escalofrío dentro de mi. ¿Puedo saber por qué estás tan triste?
—Me queda poco aquí —contestó—. Cuando me vaya, no volverás a verme.
—¿Te queda poco? Aún no cumpliste tu objetivo.
—No creo que tarde mucho en cumplirlo, ya dije que esa chica te gusta —respondió.
—En ningún momento te dije que esa chica me gustase.
—Se nota demasiado, ya lo dije.
—Una cosa es que se note, y otra que sea real. ¿No crees?
—Pero es que tienes que rehacer tu vida, no se cuantas veces te lo voy a decir.
—Pero es que no quiero. No se cuantas veces te lo voy a decir —repliqué.


Marie sacudió la cabeza y luego desapareció una vez más. Yo me quedé tomándome mi helado sentado en el banco, observando todo, pasivo.
De repente vi a Maddie, la chica de mi clase, aparecer otra vez a lo lejos, entre los árboles. Me vio y se acercó a mí sonriente. Iba con un top gris, unos shorts negros, unas zapatillas de deporte y el pelo recogido en una coleta. Venía un poco húmeda, como si hubiese sudado tras hacer ejercicio.


—Hola Matty —sonrió.
—Hola Maddie.
—¿Qué haces solo?
—Pues me apetecía salir y no tenía nada que hacer, así que salí a dar una vuelta.
—Yo salí a hacer deporte. Ahora voy a la nueva heladería, dicen que es buenísima y hace unas granizadas de limón deliciosas.
—Oh, vaya. Sí, es buena. Yo vengo de allí y el helado es realmente bueno.
Maddie sonrió, tomó aire, cambió su mirada de lado y luego volvió a clavar su mirada en mi una vez más.


—¿Me acompañas? —preguntó.
—¿A la heladería?
—Sí. Es que no sé exactamente dónde está.
—Por supuesto.


Fui con Maddie hasta la heladería. Es una chica muy simpática, río mucho con ella. Una vez estuvimos juntos, pero fue hace muchísimo tiempo. Ahora somos solo amigos y me siento bien al serlo. No es la típica ex que te odia por haber acabado la relación. Es algo que tomamos como parte del pasado, algo que no afecta nuestra amistad ahora. Ella me apoyó muchísimo en la separación de mis padres. Me abrazó cuando lo necesité, y me ayudaba siempre que veía necesidad.
Cuando llegué a la heladería volvía ver a Jade. Le sonreí pero ella no me devolvió la misma sonrisa que esta mañana. No sé lo que le pasaba. Maddie y yo pedimos un par de granizadas y nos lo tomamos en una de las mesas del local. Ella me dió a probar la suya, y yo la mía. Jade ni siquiera me miraba. Yo me acerqué para pagar.


—No sabía que tenías novia —susurró—. Aunque un chico tan guapo como tú, es normal.
—No es mi novia, idiota. Solo es una amiga. Por cierto, gracias —dije con rubor.
—¿Qué te parece si quedamos para comer? Salgo a las 2.00 p.m y hoy por ser sábado tengo la tarde libre.
—Son la 1.00 p.m. Dejaré a Maddie en su casa y vendré a recogerte, ¿te parece?
—Claro. Hasta luego, señor —sonrió.
—Hasta luego, señorita —sonreí.


Me alejé del mostrador y fui hasta la puerta con Maddie. Una vez en la puerta, Maddie agarró mi mano y le sonrió a Jade diciendo ‘‘gracias, estaba delicioso’’.
Llevé a Maddie a su casa, ésta me abrazó y sonrió antes de entrar.


—Espero que nos veamos pronto, Matty. Adiós, te quiero —sonrió.
—Hasta otra, Maddie —sonreí.


Tras dejar a Maddie en su casa me volví a la heladería. Ya eran las 2:05 p.m. Quedé allí con Jade, pero cuando llegué ella no estaba allí. Me quedé esperándola hasta las 2:20 p.m pero ella no aparecía.