Volví a evadirme en mis numerosos pensamientos y recuerdos. Era la única manera de sentirla conmigo, aquí cerca. «Quizás la clave sea reír cuando puedas y llorar cuando lo necesites, ¿no crees?», «Cuando tengamos nuestra propia casa decoraré todo yo, tú tienes muy mal gusto. JAJAJAJA», «Agarra mi mano, Matt. No preguntes la causa, pero me siento más segura así». Sonrisas, recuerdos, frases.., eso es lo único que ocupa mi mente en estos momentos.
—¡MAAAAAAAAAAATT! —gritó mi madre desde el salón—. ¡BAJA A COMER!
Sinceramente no tenía hambre en absoluto. Hice oídos sordos, me coloqué mis auriculares y puse una canción al azar en mi iPod. Mi madre no tardó en subir y obligarme a bajar. Bajé desganado, con la mirada apagada, cabizbajo. Me senté en la mesa, mi hermano ya había terminado de comer. Mi madre aprovechó la ocasión para volver a hablar conmigo sobre Marie, cómo no.
—¿Vas a seguir con esta actitud mucho tiempo?
—¿Y tú vas a seguir metiéndote en mi vida mucho tiempo? Parece mentira que no estés afectada, mamá. Ella te quería mucho.
—Una cosa es que me afecte, y otra que pierda mi vida por ella. Claro que me afecta saber que está muerta, pero no hay otra, hijo. Acéptalo.
—Quizás es que no quiero, mamá. Sabes lo que significaba ella para mi.
—Pero por lo que se ve, no sabes lo que tú significas para mi. No sabes lo que me duele verte así, Matt.
Se creó un incómodo silencio en la sala. Entonces apareció Ethan detrás de la puerta del comedor, con una expresión de duda en su rostro, y a la vez tristeza.
—¿Quién ha muerto, mamá?
—Nadie, hijo. Vuelve al salón.
—Matt, ha muerto Marie, ¿verdad?
—No, Ethan. Marie está bien —mentí conteniendo las lágrimas.
—Prométemelo.
—Ethan, hijo, vuelve al salón.
—Déjame, mamá. Matty, contéstame.
—Sí, Ethan, ha muerto.
Dicho esto, me retiré de la mesa y subí a mi habitación otra vez. Oía como Ethan lloraba en la habitación de al lado. Para mi también era doloroso esto, mucho. Así que lo entendía.
Pasaron las horas, tan lentas como desde hace una semana. Decidí vestirme e ir al cementerio a llevarle algunas flores. Cogí una gorra, unas bermudas vaqueras, una camiseta que ella misma me regaló, y mis vans. Avisé a mi madre de que iba a salir, y me fui. Fui a la floristería, compré un ramo de rosas blancas y fui al cementerio. Una vez allí encontré su lápida, donde estaba escrito su nombre:
Me resultó demasiado duro ver ese nombre ahí, en esa lápida gris. Dejé las flores, recé por ella, y me senté junto a la lápida unos minutos. Empecé a llorar otra vez, como llevaba haciendo todos los días desde hace una semana, sin saltarme uno solo. La idea de que ella ya no estaba conmigo me mataba. De repente se me vino a la mente esa jodida frase de mi madre, «un Steele es fuerte, y tú eres un Steele». Se que mi madre sólo quiere lo mejor para mi, pero en estos momentos lo mejor para mi es Marie. Se empezó a hacer tarde, así que pensé que ya era hora de volver a casa. Volví por la calle donde me cogía de camino su casa. Pensé en pedirle a su madre permiso para entrar en la habitación de mi chica.
Llegué, llamé a la puerta y me abrió la Sra. Milton.
—Buenas noches, señora Milton.
—Buenas noches, Matt. ¿Necesitas algo?
—Vine a pedirle permiso para entrar a la habitación de su hija aunque sea por última vez.
—Claro, adelante —dijo abriéndome paso.
Entré a la casa de los Milton. Estaba tan ordenada como siempre, pero mucho más fría que de costumbre. Saludé al Sr. Milton, y subí las escaleras hasta la habitación de Marie. Cuando entré vi su cama sin hacer, supuse que la dejó así antes de irse a trabajar. No es que fuese muy ordenada precisamente. Sobre su escritorio había una rosa roja con una carta, y junto a ésta, una foto nuestra. No pensaba leer la carta, pero vi que junto a ella había un sobre que ponía mi nombre. Cogí el folio escrito por ella, y comencé a leer:
(hacer click en la imagen para leer mejor).
Intrigante ;)
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