martes, 27 de agosto de 2013

CAPÍTULO 3.

Estaba claro que no terminó la carta. No entiendo como podía ser tan perfecta. Me senté en su cama. Aún estaba allí el aroma de su perfume con olor a vainilla, rica vainilla.  
Comencé a observar su habitación, tan desordenada como siempre. Peluches sobre el escritorio o tirados por el suelo, ropa sobre la silla, marcos de fotos doblados. Adoraba su perfecto desorden, y eso que yo siempre fui todo lo contrario. Después me detuve a mirar su cama, donde juntos perdimos la virginidad. Aquella noche fue realmente mágica. Tras hacer el amor quedamos dormidos juntos, ella sobre mi pecho desnudo y pidiéndome que no la dejase jamás. Lo que no imaginaba es que sería ella quien me dejaría a mi, contra su voluntad.
Cuando volví a mi uso de razón y dejé de evadirme entre mis numerosos recuerdos con ella, me levanté de la cama. Me disponía a salir de la habitación, cuando de repente una corriente hizo que la puerta cerrara sola dejándome dentro. Miré a todos lados, la temperatura comenzó a bajar, tenía frío, mucho. Después comenzó a subir otra vez y noté que alguien me observaba. Me di la vuelta y no, no podía ser, estaba Marie.


—¿Qué? ¿cómo? —dije asombrado, casi sin poder articular palabra.
—Shh, no hables muy alto, pueden oírte.
—¿Qué haces aquí? —susurré.
—En realidad no estoy aquí. Solo tú puedes verme.
—¿Puedo tocarte?
—No. No soy humana —dijo cabizbaja—. Toma asiento, tengo que explicarte todo.


Hice caso a lo que Marie me pidió, y me volví a sentar en su cama. Ella sonrió de medio lado, parece que también se acuerda de lo que pasó aquella noche. Iba vestida con su uniforme de trabajo. Dicen que cuando una persona muere, su espíritu lleva la ropa con la que murió eternamente. Yo no paraba de mirarla asombrado, boquiabierto.


—Verás, Matt, tú eres la única persona que puede verme, porque eres la persona por la que mi alma aún sigue aquí. Si no pones de tu parte, esto que estoy haciendo no servirá de nada.
—¿Y qué se supone que estás haciendo?
—Mi último objetivo antes de irme definitivamente.
—¿Último objetivo? ¿de qué hablas?
—Debo dejarte con otra chica, con total seguridad de que estás bien con ella. Mi objetivo es que seas feliz. Es sencillo, ¿no?
—Es que yo no puedo ser feliz si tú no estás conmigo.
—Sí, y debo demostrártelo. Llevo observándote toda la semana antes de aparecerme. Te vi llorar esta mañana, y me senté junto a ti en la lápida esta tarde. Te abracé cuando mi madre te contó la noticia de mi muerte, y leí mi carta junto a ti.
—No podrás mostrarlo, es imposible. ¿Por qué no te vi?
—Créeme que sí. Necesitaba asegurarme del momento indicado, y no hay más indicado que este. Ahora tengo que irme, vuelve a casa.
—Acompáñame.
—No puedo, vuelve —dijo mientras desaparecia.


Al verla desaparecer, lágrimas corrieron por mis mejillas. Las sequé como pude y salí de la habitación. Me despedí de los Milton, y volví a casa. No podía creer lo que acababa de ocurrir. Cuando volvía a casa me encontré a Maddie, una chica de mi clase. Oh dios, Marie, espero que no tengas nada que ver en esto.


—Hola Matt —dijo esbozando una sonrisa.
—Buenas noches, Maddie.
—¿Cómo estás? Llevas una semana totalmente ausente, y en clase antes de dar las vacaciones te noté muy serio. ¿Ocurrió algo?
—No, nada. Tranquila.
—No me lo creo. ¿Qué te parece si vamos mañana a tomar algo y me cuentas?
—Te lo agradezco pero...


Iba a contestarle que no, pero entonces Marie volvió a aparecer tras Maddie, haciéndome señas para que aceptase la petición.


—.., estoy un tanto ocupado últimamente —mentí.
—Vaya. Bueno, otro día será. ¿Vas a casa?
—Sí, ya es tarde.
—¿Quiéres que te acompañe?


Marie volvió a hacer señas, pero una vez más hice caso omiso.


—No, tranquila. Vivo cerca de aquí.
—De acuerdo, Matt. Ya nos vemos. Adiós.

—Adiós, Maddie.

2 comentarios:

  1. espero el siguiente.. jajaaj .. avisas cada vez que subes? me llamo Alexandra Biebs en tuenti , agregame si no me tienes :)

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