Terminé de desayunar y subí a mi habitación. Hice la cama, abrí el armario y lo recorrí con la mirada unas tres veces buscando algo que ponerme. Finalmente encontré la camiseta favorita de Marie. Siempre que me la ponía decía «adoro esa camiseta, ¿sabes?», y me sonreía. Era blanca, básica, sin mangas, pero a Marie le encantaba como me queda. Me puse unas bermudas rojas de las que uso para jugar al baloncesto o hacer deporte. Calcé unas converse blancas y me puse una gorra roja. Cogí mi skate, y antes de salir Marie volvió a colocarse delante mía.
—Me alegra que hayas aceptado la propuesta de Jack.
—Lo hice por ti.
—Pues ya que hiciste eso, déjame cumplir mi objetivo.
—Ya dije que no, y no insistas.
Marie volvió a desaparecer. Yo bajé los escalones con el skate bajo mi brazo. Avisé a Jack de que ya estaba listo. Se levantó del sofá enérgico y sonriéndome. Nos fuimos a su casa a recoger el skate y luego nos fuimos a las pistas. Estuvimos allí hasta el mediodía. Luego me dijo de ir a comer a McDonald’s y no me negué. Estábamos comiendo y nos encontramos a Wendy, la novia de Jack. Se acercó a saludarnos y se fue, ya que estaba con unas amigas.
—¿Cómo llevas lo de Marie? —preguntó mientras metía una patata en la boca.
—Bueno, la verdad es que mal, pero intento estar bien. A ella no le gustaría que estuviese como hace unos días.
Jack asintió con la cabeza y continuó comiendo.
—Marie me decía que la clave para estar bien era reír cuando pudiese y llorar cuando lo necesite. Y eso hago.
—Me parece una frase muy sensata.
Di un sorbo a mi vaso de coca-cola, y asentí. En mi mente había algo que me decía que realmente estoy mintiendo a todos, incluso a mi mismo para no hacer daño a la gente. Marie volvió a aparecer frente a mi, y me sonrió. Yo evité sonreírle para que Jack no sospechara nada, pero se que ella sabía perfectamente que quería sonreírle. Se me hace duro tenerla al lado y no poder tocarla, no se si me explico. Y se que ella también se muere por agarrar mi mano.
Jack se levantó para ir al baño antes de irnos.
—Te amo, Marie —susurré aprovechando que Jack fue al baño.
—Y yo a ti, Matt —contestó sonriendo.
—Oye, ¿qué pasa si cumples tu objetivo?
—Pues que no me volverás a ver.
—Eso no es justo.
—Sí lo es. No puedo quedarme aquí eternamente.
Marie volvió a desaparecer. Jack terminó en el baño y salimos del local en dirección a su casa. Pasamos la tarde en su casa jugando con su xBox, viendo una película, comiendo palomitas. Su madre me ofreció quedarme a dormir, pero me negué. Tenía ganas de volver a casa y dormir, estaba cansado. Cuando salí de casa de Jack monté en mi skate y volví a casa en él, con la mala suerte de que choqué con una chica a la que no vi.
—Vaya, lo siento, ¿estás bien? —pregunté levantándome del suelo y ofreciéndole mi mano para ayudarla a levantar—. No te vi.
—Sí, no te preocupes, yo tampoco te vi. Iba entretenida en mis pensamientos —Dijo agarrando mi mano—. Gracias.
—Bueno, dejo que sigas tu camino y ve con más cuidado la próxima vez, yo haré lo mismo.
—Claro. Hasta otra —sonrió.
Era una chica guapa, de ojos verdes, morena. Sí, me fijé en sus ojos. Tenía una sonrisa realmente preciosa.
Regresé a casa, allí estaba mi madre pero mi hermano aún no había vuelto. Mamá estaba haciendo la cena. Me acerqué a ella, la abracé y luego me tomé una ducha con el agua bien caliente. Adoro sentir como el agua caliente se posa en cada uno mis poros, humedeciendo mi piel. Salí de la ducha, me puse tan sólo unos boxers y salí a cenar. Mi hermano tampoco dormía hoy en casa. Mi madre me ha dicho que se pasará unos días con mi padre.
Estaba cenando con mi madre, y un incómodo silencio reinaba en la sala. Ella me miraba, yo la miraba, y entonces decidió romper el silencio.
—¿Qué hiciste hoy?
—Pues vino Jack y me dijo de ir a hacer un poco de skate. Después fuimos a comer a McDonald’s y más tarde pasamos unas horas en casa de Jack. Luego volví y me choqué sin querer con una chica. No la vi. Iba entretenido en mis cosas, ella también y caí con el skate sobre ella.
—Vaya —dijo con tono de preocupación—. ¿Te hiciste daño? ¿y la chica?
—No, que va. Afortunadamente no fue un golpe muy fuerte.
Mi madre asintió y no volvió a hablar más. Terminó su comida, esperó a que yo terminase y recogió los platos. Yo cogí una cerveza de la nevera y me la tomé mientras veía un poco de televisión con mi madre. Desde que murió Marie no estamos muy juntos que se diga, y me gusta pasar tiempo con ella. Es la mujer que más luchó por mi en el mundo, y la quiero con locura. De repente sentí ese escalofrío otra vez, ese que aparece cuando Marie viene a verme. Efectivamente estaba a mi lado, sonriéndome. Ella empezó a hablarme, pero yo no podía hablarle a ella, mi madre estaba a mi lado.
—Hola Matt. Necesito hablar contigo. Sube a tu habitación cuando puedas, ¿sí?
Asentí levemente.
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